Convertidos en galerías vivas, estos callejones no aparecen en los mapas tradicionales, pero muestran la ciudad desde la mirada de los artistas que plasmaron su creatividad en murales que exaltan la identidad barranquillera, el patrimonio arquitectónico y la memoria colectiva.
El barrio El Prado, joya patrimonial de la ciudad, se redescubre desde sus entrañas. Sus callejones, concebidos originalmente para permitir la circulación de la brisa entre las casas, fueron resignificados mediante una intervención artística y cultural que los transformó en escenarios de encuentro, orgullo e identidad.
Cada mural es una ventana al pasado: los primeros años del barrio, sus casas emblemáticas y los personajes que caminaron estas calles cuando Barranquilla soñaba en grande. Así lo destacó el alcalde Alejandro Char tras la entrega del callejón La Libertad, señalando que “donde antes había una calle sola y oscura, hoy renace un espacio lleno de historias contadas a través de murales”.
Por su parte, la gerente de Ciudad, Ana María Aljure, resaltó el papel del arte en este proceso de transformación urbana. “Barranquilla está en una era de renacimiento donde los artistas cobran una fuerza especial, porque nos permiten plasmar lo que somos y mostrarle al mundo nuestros sueños y emociones”, afirmó, recordando que la ciudad es capital de la industria creativa y del turismo cultural.
El artista Ronald Hernández, participante en el callejón La Libertad, aseguró que estas intervenciones son obras de arte con alta conceptualización y técnica, pensadas para dialogar con el entorno y la historia del barrio.
Callejones que cuentan historias
Museo a Cielo Abierto de Barrio Abajo
En Barrio Abajo, el arte también se tomó las calles con murales que narran la identidad popular, la tradición carnavalera y la memoria de uno de los sectores más representativos de la ciudad. Sin puertas ni horarios, este museo vivo se recorre al ritmo del barrio y puede complementarse con la visita al Museo del Carnaval, que profundiza en los personajes y ritmos de la fiesta.
La invitación está abierta: caminar sin prisa, ponerse zapatos cómodos y dejar que los muros hablen. En Barranquilla, los callejones guardan la memoria de una ciudad que se transforma sin olvidar sus raíces.


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