Durante tres días, el corregimiento de Sibarco se convirtió en epicentro de la tradición gastronómica del Atlántico con una nueva edición del Festival del Guandú y el Bollo de Yuca, un encuentro que exaltó los saberes campesinos, la identidad cultural y el papel de las mujeres en la preservación del patrimonio culinario.
En Sibarco, la cocina trasciende el acto de alimentarse y se convierte en una expresión viva de historia, encuentro e identidad. Así quedó demostrado durante una nueva edición del Festival del Guandú y el Bollo de Yuca, una celebración que transformó al corregimiento en punto de encuentro para exaltar los saberes del campo y la tradición culinaria del Atlántico.
Desde el viernes 30 de enero y hasta ayer, el aroma del guandú y la yuca marcó la dinámica del territorio, mientras propios y visitantes recorrían los fogones donde las matronas ofrecían recetas heredadas, preparadas con técnicas transmitidas de generación en generación.
La oferta gastronómica incluyó sancocho tradicional de guandú con diferentes proteínas, arroz de guandú, enyucados, tortas, dulces y bebidas artesanales, elaborados como se ha hecho históricamente en los hogares de Sibarco, con ingredientes del territorio y saber campesino.
En esta edición participaron 112 matronas y hacedoras, consolidando un proceso comunitario que no solo preserva la tradición, sino que también genera ingresos y visibiliza el papel de las mujeres en la protección del patrimonio cultural.
Por su parte, el alcalde de Baranoa, Edinson Palma, resaltó el poder de convocatoria del evento, señalando que, pese a las lluvias constantes, se mantuvo una alta afluencia de público y una dinámica comercial activa alrededor de la gastronomía tradicional. “Pese a la lluvia, la gente sigue llegando. En los días anteriores se han vendido todas las ollas de sancocho”, indicó.
La organización del festival está a cargo de las matronas y campesinos del corregimiento, con el acompañamiento de la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Baranoa, en una articulación orientada a proteger y proyectar los saberes tradicionales.
Para Aleida Viloria Duarte, hacedora del festival, la esencia de la celebración está en la conexión con el territorio. “Los campesinos cultivan el producto y luego las matronas lo convierten en recetas que sostienen el encuentro y su crecimiento”, expresó, destacando además la evolución y consolidación del evento con una participación masiva de mujeres.
La tradición se defiende como herencia familiar. Así lo expresó Margarita Barrios Bolívar, matrona de Sibarco, al señalar que mantiene este legado “para que siga la tradición, no se pierda”. Además, reivindicó el papel del campesinado en la seguridad alimentaria y la cultura local: “Los campesinos son los que hacen todo esto”.
Bajo la lluvia y entre vapores de sancocho y ollas humeantes, el Festival del Guandú y el Bollo de Yuca confirmó que la tradición en Sibarco no depende del clima, sino del arraigo y la voluntad de una comunidad que cocina su historia y se consolida como una de las expresiones patrimoniales más representativas del Atlántico rural.


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