Fernando García Rubio, director ejecutivo de la Confederación Cauchera Colombiana (Confecaucho), cuestionó la estructura actual del crédito rural, señalando que está diseñada para economías de corto plazo y no para cultivos permanentes como el caucho, el cacao o el aguacate, que requieren entre tres y seis años para entrar en producción.
“El problema no es falta de voluntad de pago del campesino; es un desfase técnico entre la velocidad del dinero y la velocidad del desarrollo de las plantaciones”, afirmó el dirigente gremial, quien explicó que durante los primeros años los productores enfrentan únicamente costos sin generar ingresos, lo que hace inviable cumplir con obligaciones financieras tradicionales.
Según el sector, esta situación ha limitado el acceso al crédito formal en muchas regiones rurales, donde no supera el 20%. En consecuencia, los productores terminan recurriendo a mecanismos informales como el “gota a gota”, incrementando su vulnerabilidad y reduciendo la competitividad del agro colombiano.
García Rubio también cuestionó la falta de coherencia entre el discurso gubernamental de fortalecimiento del campo y las decisiones técnicas del sistema financiero, que —según afirmó— siguen evaluando proyectos agrícolas bajo lógicas urbanas y de retorno inmediato. “Se están analizando activos vivos como si fueran inventarios de supermercado”, advirtió.
Uno de los puntos críticos señalados por el gremio es el denominado “valle de la muerte”, un periodo en el que los cultivos permanentes solo generan egresos mientras los bancos ya exigen intereses. En esta etapa, muchos proyectos viables fracasan, frenando el crecimiento agroindustrial y el desarrollo de regiones completas.
Ante este panorama, el sector propone reformas estructurales como periodos de gracia acordes con los ciclos biológicos de los cultivos, seguros agropecuarios que cubran riesgos climáticos reales y la creación de unidades técnicas especializadas dentro de la banca comercial que comprendan las dinámicas del campo.
“Necesitamos una banca que huela a tierra”, expresó García Rubio, al insistir en la necesidad de contar con analistas que entiendan procesos productivos como la poda o el manejo técnico del caucho para evaluar mejor el riesgo crediticio.
En medio de este escenario, el gremio destacó como un avance el convenio firmado entre Confecaucho y el Fondo Nacional de Garantías (FNG), el cual busca facilitar el acceso a financiamiento mediante garantías ajustadas a la realidad de los cultivos permanentes.
Finalmente, el llamado del sector es claro: sin una transformación en la arquitectura del crédito rural, la informalidad seguirá creciendo y el objetivo de una verdadera transformación del campo colombiano quedará en el discurso. “Un árbol puede esperar la lluvia, pero no puede crecer al ritmo del interés bancario”, concluyó García Rubio.

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