Hay artistas que interpretan canciones y hay otros que se convierten en la voz de un pueblo. Totó La Momposina pertenecía a ese reducido grupo de mujeres capaces de transformar la música en memoria viva. Este martes, Colombia despertó con la dolorosa noticia de su fallecimiento a los 85 años, dejando un vacío inmenso en el corazón cultural del país y, especialmente, en el Caribe colombiano que tanto defendió con orgullo en cada escenario del mundo.
Su partida no solo enluta a la música folclórica. También enluta a generaciones enteras que crecieron escuchando el eco de sus tambores, el sonido de las gaitas y esa voz poderosa que parecía salir directamente de las entrañas del río Magdalena y de los pueblos de la Depresión Momposina.
Quienes tuvieron la oportunidad de verla en vivo recuerdan algo que iba más allá de un concierto. Totó no subía a cantar; Totó parecía invocar la historia de Colombia. Descalza muchas veces, vestida con sus colores tradicionales y acompañada de tambores y millos, lograba que el público extranjero entendiera, incluso sin hablar español, la profundidad espiritual de la música caribeña.
Uno de los episodios más recordados de su carrera ocurrió en 1982, cuando acompañó al Nobel Gabriel García Márquez en Suecia durante la ceremonia del Premio Nobel de Literatura. Aquella presentación no fue simplemente artística; fue una declaración cultural ante el mundo. Mientras “Gabo” recibía el máximo reconocimiento de las letras, Totó hacía sonar el Caribe colombiano frente a la realeza europea.
Años después, su álbum La Candela Viva terminó de consolidarla como una figura universal de la música latinoamericana. Gracias a ese trabajo, producido bajo el sello de Peter Gabriel, millones de personas descubrieron la riqueza del folclor colombiano. Canciones como El Pescador, Prende la Vela y La Verdolaga se convirtieron en himnos que aún hoy siguen vivos en festivales, carnavales y celebraciones populares.
Pero más allá de los premios, las giras y los reconocimientos internacionales —entre ellos el Grammy Latino a la Excelencia Musical recibido en 2013—, Totó siempre mantuvo intacta su esencia humilde y cercana. Nunca dejó de hablar de sus raíces ni de agradecer a las comunidades afrodescendientes e indígenas que inspiraron su obra.
En Barranquilla, Cartagena, Mompox, Sincelejo y tantos rincones del Caribe, su nombre no se pronunciaba solamente con admiración artística, sino con cariño profundo. Porque Totó representaba a la mujer caribeña fuerte, alegre, resistente y orgullosa de su identidad.
| La candela que encendió Totó jamás se apagará. |
Hoy las redes sociales, artistas, gestores culturales y ciudadanos comunes coinciden en el mismo sentimiento: Colombia perdió una de sus voces más grandes.
Desde distintos sectores han llegado mensajes de solidaridad para sus hijos, nietos y familiares cercanos, quienes hoy enfrentan el dolor de despedir a una mujer irrepetible. También el mundo artístico ha expresado su tristeza ante la partida de quien dedicó toda su vida a preservar la identidad sonora del Caribe colombiano.
A su familia, amigos y seguidores, llegan las más sinceras condolencias en este momento de profundo dolor. Que encuentren fortaleza en el inmenso legado que Totó deja sembrado en la cultura nacional y en el cariño de millones de personas que hoy la recuerdan con gratitud.
Porque aunque su voz se haya silenciado físicamente, Totó La Momposina seguirá viva cada vez que un tambor retumbe en una plaza, cada vez que una cumbia haga bailar al pueblo y cada vez que Colombia quiera recordar de dónde vienen sus raíces.
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