Esa "enfermedad" misteriosa no es más que el síndrome de abstinencia de la pasión. Para Mannyx, un Mundial no es solo una Copa de fútbol; es un templo donde se rinde culto a la humanidad. En sus propias palabras, es "el mayor encuentro multicultural del mundo, donde razas, idiomas, religiones, música, colores, sabores, alegrías, emociones y tristezas se combinan, unidas a través del fútbol y sus reglas universales. ¡Mundial por siempre!".
Tres décadas detrás del micrófono
Del calor de Curramba al frío de Tel Aviv
Aquella eliminatoria rumbo a Italia 90 la narró y la vivió Mannyx con el alma en la garganta. El clímax de aquella primera gran aventura lo llevó a Tel Aviv, Israel, para el repechaje internacional. En el estadio Ramat Gan, con un frío que calaba los huesos de un caribeño acostumbrado al calor del Metropolitano, Colombia aguantó el empate 0 - 0 en el marcador global y selló el regreso a un Mundial tras veintiocho años de sequía. Ese instante de éxtasis en Medio Oriente marcó para siempre el estándar profesional de un barranquillero que entendió que su destino era ser el puente entre la hazaña y el corazón de su gente.
Después vinieron los años dorados de la consolidación. Mannyx estuvo allí, firme tras el micrófono, transmitiendo las clasificaciones a Estados Unidos 1994 y Francia 1998. Pero el fútbol, como la vida, tiene sus valles de sombra. Entre 2002 y 2010, el país se sumió en una larga noche de frustraciones. Colombia no clasificó a Corea-Japón, ni a Alemania, ni a Sudáfrica. Para colmo de males, la Selección fue desterrada temporalmente de Barranquilla. Fueron años de desarraigo y estadios silenciosos donde la "enfermedad de algo que no sé" se sentía más real que nunca.
La cura llegó en 2014 de la mano de José Pékerman y una generación irrepetible de talentos: la picardía de Teófilo Gutiérrez, la jerarquía de Radamel Falcao García y la magia zurda de James Rodríguez. Brasil 2014 fue una fiesta inolvidable, y Rusia 2018 significó una nueva consagración llena de alegría.
Mannyx tuvo el privilegio de cubrir esos momentos históricos gracias a Dios, su gran guía; al apoyo incondicional de patrocinadores, clientes y amigos que nunca lo dejaron solo; y al respaldo de las emisoras que le abrieron las puertas para transmitir las emociones, triunfos, títulos y también las derrotas de la Selección Colombia y del Junior del alma.
Porque si algo define al periodismo independiente, es que se construye a pulso, con pasión, sacrificio y el corazón en la mano, siempre acompañado por la confianza de quienes creen en la verdad del micrófono.
Correr tras un tren, perderse en señas y el sueño del 2026
Detrás del brillo de los estadios y las transmisiones perfectas, la vida del cronista deportivo está hecha de asfalto, fatiga y anécdotas desternillantes. Dentro sus viajes y correrías de una ciudad a otra, Mannyx recuerda con una sonrisa el correteo frenético de trenes y buses de madrugada. Terminar un partido con la adrenalina a mil, guardar el micrófono y salir disparado por andenes de estaciones europeas o asiáticas para alcanzar el transporte que lo llevaría a la siguiente sede.
Es precisamente en esas terminales de transporte, aeropuertos y plazas públicas donde, según él, ocurre la verdadera magia del Mundial. Allí es donde la gastronomía internacional se vuelve un festín de sabores desconocidos y donde la barrera del idioma se desploma.
Con una sonrisa en los labios y los ojos brillantes, comenta: “Te encuentras con un coreano, un alemán o un senegalés, no te entiendes una sola palabra, pero te abrazas, te tomas una foto y celebras como si fueran amigos de toda la vida” relata con emoción. Eso solo lo logra el fútbol.
En esos recorridos por el mundo acompañando a su amada Selección Colombia. En más de una ocasión, Mannyx se vio completamente perdido en laberintos de calles estrechas y sin salida, en ciudades cuyos carteles parecían jeroglíficos ilegibles. Sin embargo, el periodista asegura que el universo siempre conspira a favor del viajero noble: "Siempre aparecen ángeles en el camino que, en un perfecto lenguaje de señas y con una sonrisa, te sacan a flote y te guían de regreso".
Hoy, en pleno 2026, la rueda de la fortuna vuelve a girar. Tras el trago amargo de no asistir a Qatar 2022, la fe se ha renovado. La Selección Colombia llega al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá con la expectativa alta, con ganas de competir con los dientes apretados para superar, mínimo, los octavos de final y escribir una página histórica.
Y allí estará él. Gracias a su persistencia inquebrantable, a sus oyentes y a su espacio independiente Radio Gol Sports, Manuel "Mannyx" Ramírez ya está plenamente "planillado y planificado" para abordar el avión. A sus espaldas lleva la veteranía de mil batallas y el equipaje ligero de quien sabe que va al encuentro de su primer amor. Su voz volverá a vibrar a través del dial para recordarnos que, mientras ruede el balón y haya un micrófono encendido, la vida siempre será un maravilloso "Mundial por siempre".



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