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viernes, 31 de julio de 2026

El Niño se intensifica: IDEAM advierte que podría ser uno de los más fuertes desde 1950


Colombia se enfrenta a un fenómeno climático de gran magnitud. De acuerdo con el IDEAM, existe un 81 % de probabilidad de que el fenómeno de El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026, posicionándose entre los eventos más severos desde que existen registros sistemáticos, junto a los de 1997-1998 y 2015-2016.

Las mediciones actuales ya generan alerta: anomalías de temperatura superficial del mar superiores a 4 °C en la región Niño 3 del Pacífico ecuatorial evidencian una evolución acelerada del fenómeno. Este comportamiento confirma que el evento no solo está en desarrollo, sino que avanza hacia un escenario de alta intensidad con impactos globales.

Según el investigador Rafael Torres Parra, el fenómeno responde a una alteración en la interacción entre el océano y la atmósfera. En condiciones normales, los vientos alisios empujan las aguas cálidas hacia Asia, mientras que en Suramérica emergen aguas frías ricas en nutrientes. Sin embargo, con El Niño, ese equilibrio se rompe.

“Los vientos se debilitan, las lluvias se desplazan hacia Suramérica y una masa de agua cálida se acumula frente a nuestras costas”, explica el experto, quien advierte que el fenómeno tiene efectos a escala planetaria y está directamente relacionado con el aumento de las temperaturas globales.

Impactos en Colombia: energía, clima y economía en riesgo

El fortalecimiento de El Niño tendrá efectos directos en el país, especialmente en la región Caribe. Entre los principales riesgos se destacan:

  • Disminución de lluvias: afecta los niveles de embalses.
  • Presión sobre el sistema energético: cerca del 65 % de la energía en Colombia depende de hidroeléctricas.
  • Altas temperaturas: incrementan riesgos de incendios forestales.
  • Afectación al agro: impacta cultivos y ganadería.

“El descenso en las precipitaciones puede comprometer la generación eléctrica y afectar sectores clave de la economía”, advierte Torres.

Aunque el fenómeno podría reducir la intensidad de la temporada de huracanes en el Caribe —debido a cambios en la cizalladura del viento—, los efectos negativos predominan:

  • Aumento del nivel del mar.
  • Mayor riesgo de erosión costera.
  • Olas de calor marinas que afectan los arrecifes.

Uno de los impactos más críticos es el blanqueamiento de corales, provocado por el aumento sostenido de la temperatura del agua. Este fenómeno amenaza la biodiversidad marina y la protección natural de las costas.

Monitoreo y ciencia: clave para anticiparse

El seguimiento de El Niño se realiza mediante datos satelitales de organismos internacionales como la NOAA, complementados por estaciones del IDEAM y sistemas de monitoreo de la DIMAR.

Para los expertos, el desafío no solo está en monitorear el fenómeno, sino en fortalecer el talento científico que permita anticipar sus impactos y diseñar estrategias de mitigación.

Un fenómeno global con efectos locales

El Niño no es un evento aislado. Su interacción con el calentamiento global lo convierte en un factor determinante en la crisis climática actual. Cada episodio intenso ha coincidido con récords históricos de temperatura en el planeta, lo que refuerza la necesidad de preparación y adaptación.

“Década tras década, el impacto de El Niño seguirá aumentando”, concluye Torres, quien insiste en que Colombia, por su ubicación entre el Caribe y el Pacífico, tiene un papel clave en la investigación y comprensión de estos fenómenos.

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