La diferencia entre preconteo y escrutinio fue de apenas 0,003%. Los números no mienten, y eso incomoda a quienes apostaron por la incertidumbre como estrategia política.
Cuando cerraron las urnas el domingo 21 de junio y la Registraduría Nacional comenzó a publicar los primeros boletines del preconteo, el oficialismo activó de inmediato su manual de la duda. El presidente Gustavo Petro denunció formularios E-14 sin firma de jurados. Iván Cepeda anunció la impugnación de 33.000 mesas. Y desde el Pacto Histórico se invocó el fantasma del escrutinio de 2022, cuando el partido recuperó cientos de miles de votos durante la revisión oficial.
El escrutinio llegó, habló y dejó poco espacio para la narrativa de la irregularidad.
La Registraduría Nacional del Estado Civil reportó que el escrutinio de jueces y notarios arrojó una coincidencia del 99,997% con el preconteo. De las 118.350 mesas previstas, fueron revisadas 118.238 antes del cierre de la noche electoral. El resultado final consolidó la victoria de Abelardo de la Espriella con 12.959.542 votos (49,66%) frente a los 12.708.712 votos (48,70%) de Iván Cepeda, una diferencia de 250.830 sufragios.
Para revertir ese resultado en el escrutinio, el Pacto Histórico tendría que haber encontrado errores sistemáticos en favor de De la Espriella que superaran los 250.000 votos. No ocurrió. No podía ocurrir.
El registrador Hernán Penagos fue enfático: "El proceso es muy trazable, se puede seguir a detalle cada uno de los componentes. No hay ninguna alteración." El procurador general Gregorio Eljach, quien supervisó el avance del proceso, también fue claro al afirmar que no existe ninguna prueba de fraude y que los reclamos serían atendidos por las autoridades competentes.
Un sistema que resistió la presión
Lo que pocos destacan en medio del ruido político es que Colombia acaba de demostrar que tiene una arquitectura electoral robusta. El conteo es manual. Más de 9.000 jueces y notarios participaron en las comisiones escrutadoras. Las misiones internacionales de observación estuvieron presentes. Y el resultado se sostuvo.
No es un dato menor: esta fue la elección más reñida en la historia reciente del país, con una diferencia de apenas 0,96 puntos porcentuales entre los dos candidatos. Si alguna vez el sistema iba a fallar por presión, por volumen o por polarización, era esta vez. No falló.
La participación histórica refuerza la legitimidad del resultado: el **63,6%** del censo electoral acudió a las urnas, la cifra más alta desde la Constitución de 1991. Quien gane con esa participación, gana con mandato.
Petro reconoció lo que no quería reconocer
Dos días después de la votación, el propio presidente Petro anunció el inicio del empalme con el gobierno entrante. *"Estamos partidos por mitad y es hora de reconocernos, respetarnos y acordar"*, escribió en X. La frase encierra una derrota política que sus aliados aún procesan.
El empalme, sin embargo, no será una transición cordial. El equipo de De la Espriella, con el vicepresidente electo José Manuel Restrepo como tutor técnico, ha anunciado lo que denominan un "análisis forense" de cada cartera del Estado, blindando jurídicamente al gobierno entrante frente a posibles pasivos fiscales o irregularidades heredadas. No habrá fotografía simbólica en el Palacio de Nariño. Habrá auditoría.
El nuevo presidente y lo que viene
Abelardo de la Espriella asumirá el 7 de agosto de 2026. Tiene 47 días para armar gabinete, cerrar el empalme y llegar a la Casa de Nariño con una hoja de ruta clara. Ya habló con Donald Trump, quien reconoció su victoria. Ya recibió el saludo de María Corina Machado. Ya sabe que gobierna un país partido por la mitad, con 12,7 millones de colombianos que votaron por él y casi los mismos que no lo hicieron.
El reto no es el escrutinio. El escrutinio ya cumplió. El reto es gobernar para todos en un país que aprendió a votar masivamente pero que aún no aprendió a perder con elegancia.

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